Hace un par de semanas mi conocimiento del photoshop
era nulo o muy nulo, vamos, que sabía poner las fotos en blanco y negro o sepia
y ya podía dar gracias por los dones que había recibido. Sin embargo llega un
momento en la vida de toda persona en la que o despabilas o te
"comen". Soy estudiante de Comunicación Audiovisual, pero a pesar de
ello, tengo una cámara de fotos del año la pera y dando gracias, así que como
podréis esperar las fotos no salen excesivamente bien, que unido a mi falta de
talento fotográfico... pues eso, es una hecatombe. El caso es que tenía que
hacer una serie de fotos sobre la composición de una imagen, así que me lie la
manta a la cabeza y decidí que del fin de semana no pasaba. Después de dar
vueltas por el campo me encontré con unos mastines abandonados así que la luz
de la inspiración llegó a mí:- ¡Ya está hago un reportaje fotográfico sobre los
canes!- Así que sin acercarme demasiado, ya que no me inspiraban mucha
confianza, les hice fotos desde la lejanía con mi "maravillosa y moderna"
cámara.
Cuando llegué a mi casa y miré las fotos en el
ordenador, me di cuenta de algo inapreciable en la pantalla de mi cámara
digital: estaba el entorno que rodeaba a mis protagonistas hecho una...
porquería, para ser finos. Entonces me entró una crisis existencial de esas tan
comunes en mi:- Pero... ¿Cómo voy a entregar esto?- Después de darle mil
vueltas, me acordé de mis nuevas recién adquiridas dotes para pintar con
Photoshop y me dije que si podía pintar con el susodicho programa podía también
corregir mi trabajo y este es el resultado:
Pues así se quedaron siendo dignas
merecedoras de una revista canina. Ahora que se como quitar imperfecciones y de
más de la foto me ha dado por retocar todas mis fotos hasta la fecha. Cuando
acabo un trabajo y veo lo bien que se quedan retocándolas me digo: - Photoshop,
el bello arte de engañar...